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Sociedad | “En una pedaleada”: de La Quiaca a Ushuaia, el sueño en bicicleta de Romina Risueño y Ricardo Domínguez

La lapridense Romina Risueño y Ricardo “Negro” Domínguez recorren Argentina en bicicleta con el objetivo de unir La Quiaca y Ushuaia, combinando aventura, trabajo itinerante y un proyecto solidario que lleva talleres de arte a niños de cada pueblo que visitan

Por Fede Castro

Cambiar la rutina por la ruta, el reloj por el paisaje y la estabilidad por la aventura. Esa fue la decisión que tomó la lapridense Romina Risueño (42) junto a su pareja, Ricardo “Negro” Domínguez (42), oriundo de Berisso. Bajo el nombre @enunapedaleada, emprendieron el desafío de unir el extremo norte y el extremo sur del país en bicicleta: desde La Quiaca hasta Ushuaia.

Actualmente se encuentran en la provincia de Jujuy, más precisamente en Humahuaca, donde permanecen desde hace algunos días organizando el próximo tramo de su travesía.

Una decisión que cambió todo

El proyecto no nació de un impulso repentino. Ambos ya tenían experiencia viajando como mochileros y realizando escapadas cortas en bicicleta. Sin embargo, el deseo de “viajar como modo de vida” fue creciendo con el tiempo.

“Dejar nuestros trabajos en relación de dependencia fue un paso fuerte. La rutina te da seguridad, pero también te ata. Nosotros necesitábamos un cambio”, contaba Romina a este medio.

La bicicleta apareció como símbolo de ese nuevo camino: salud, bajo costo, contacto directo con el entorno y autonomía.

Salieron hace más de un año desde La Plata rumbo al norte argentino. Llegaron a San Salvador de Jujuy y desde allí comenzaron un extenso recorrido por rutas provinciales, diques y pueblos hasta internarse en uno de los tramos más exigentes del viaje: la yunga jujeña.

La montaña, el gran desafío

Atravesar la selva de montaña por la Ruta 83 fue una de las experiencias más duras. Subieron desde los 2.800 hasta más de 4.500 metros sobre el nivel del mar, en un trayecto de más de 270 kilómetros de montaña.

“Muchos cicloviajeros lo esquivan porque es muy exigente. Nosotros lo encaramos desde el lado más duro, con muchísimo desnivel positivo. Fue empujar la bici, tener coraje y paciencia”, relata Richard.

El esfuerzo físico se combina con el impacto emocional: paisajes imponentes, pequeños pueblos con menos de 200 habitantes, caminos inhóspitos donde a veces solo hay una despensa y ningún hospedaje.

Vivir en carpa y adaptarse a todo

La vida cotidiana transcurre mayormente en carpa. Acampan en espacios agrestes o en patios de casas cuando los vecinos les permiten instalarse. También recurren a destacamentos de bomberos, iglesias o modalidades de voluntariado.

El voluntariado les permite intercambiar entre cuatro y seis horas de trabajo por hospedaje o comida. Además, realizan trabajos temporales según las oportunidades que surjan:

  • Herrería y trabajos en metal (Richard es maestro calderero).
  • Pintura de obra y murales (Romina).
  • Carpintería, cocina, albañilería y tareas generales.

“Nos adaptamos. Hemos hecho cosas que nunca habíamos hecho antes. El viaje te obliga a reinventarte”, explicaba Romina.

En su equipaje llevan herramientas, equipo completo de camping, botiquín, abrigo para distintos climas y hasta un pequeño piano, ya que Richard es músico y formó parte de la banda de reggae Tritones.

“Argentina Dibuja”: dejar huella en cada pueblo

Más allá de lo deportivo, el viaje tiene una dimensión social. A través del proyecto Argentina Dibuja, ofrecen talleres gratuitos de arte para niños y niñas en los pueblos que visitan.

Romina organiza colectas mediante redes sociales para comprar materiales y, al finalizar cada taller, reparte los insumos entre los chicos participantes.

“En muchos lugares no hay actividades extracurriculares. Los chicos están todo el día en la escuela y después no tienen propuestas artísticas. Nos gusta aportar algo y dejar una semilla”, cuenta Risueño.

También brindan charlas sobre vida en la naturaleza, turismo sustentable y cuidado del medio ambiente en escuelas y espacios comunitarios.

Sin fecha fija, pero con un sueño claro

Aunque el objetivo simbólico es unir La Quiaca con Ushuaia, el viaje no tiene un cronograma rígido. La experiencia les enseñó a no obsesionarse con los tiempos.

“Queríamos llegar a La Quiaca y empezar a bajar enseguida, pero el viaje se fue dando distinto. Aprendimos a escuchar el día a día, nuestra economía y cómo nos sentimos en cada lugar”, explican.

Estiman que en los próximos meses podrían finalmente concretar ese punto de partida formal hacia el sur. Luego vendrá el largo descenso por el país hasta Tierra del Fuego.

La familia y la distancia

Uno de los aspectos más sensibles es la lejanía con la familia. Romina viaja desde la adolescencia y su madre está acostumbrada a su espíritu aventurero. En el caso de Richard, también hubo apoyo, aunque no faltaron las primeras expresiones de sorpresa.

“Se extraña a los amigos, a los hermanos, a la familia. No es lo mismo no verlos todos los días. Pero saben que estamos bien y eso da tranquilidad”, aseguran.

En Humahuaca hoy cuentan con el apoyo de una lapridense radicada allí, Lucrecia Harismendi, reforzando ese lazo invisible que une a los vecinos aun a miles de kilómetros de casa.

Un mensaje para animarse

“Lo que para algunos es una locura, para nosotros es coherencia con lo que sentimos”, reflexionan. Antes de salir trabajaron mucho, ahorraron y terminaron su casa. Hubo planificación y esfuerzo previo.

“Los sueños se pueden concretar. No importa si es viajar, estudiar o emprender algo propio. Con organización y pequeños pasos todos los días, se logra.”

Mientras tanto, siguen pedaleando, trabajando y sembrando arte en cada pueblo que pisan. Y algún día, prometen, entrarán a Laprida en bicicleta, anunciando por la radio su llegada, para compartir en persona esta historia que ya empezó a escribirse… en una pedaleada.

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